Entradas

Mostrando entradas de 2009

Sweet oblivion

Come make me miss you... Estuve muchas horas pensando en aquel sueño, con la vista clavada en la cinta roja. La presencia en mi habitación de aquel trozo de seda sólo podía significar que no había sido un mero sueño, pero que tampoco había estado allí realmente. Durante mis años de adiestramiento habíamos estudiado la teoría de los viajes mentales, y un grupo selecto de alumnos -entre los cuales me incluyo orgullosamente- habíamos llegado incluso a ponerlos en práctica durante algunos segundos. No era algo que me entusiasmara especialmente, ya que dejar mi preciado cuerpo desprotegido me parecía poco práctico; aun así, las clases eran las clases, y el alumno más avanzado consiguió incluso un viaje de minuto y medio. Pero siempre éramos conscientes de haber provocado un viaje. Eso era lo que me desconcertaba. En cierto momento bajé a la biblioteca para consultar viejos volúmenes que habían sido de mi madre y que aún guardaba celosamente. Busqué largo rato entre aquellas polvorientas hoj...

Bloody dreams

Naylea se encontraba en el bosque, una noche de luna creciente a pocos días de llenarse. El viento ululaba siniestramente, azotando su cuerpo, que vagaba siguiendo el rumbo que marcaban sus instintos. Los sentidos, afilados al máximo; la mente, totalmente desconectada, a merced del impulso. La nieve del suelo bajo y sobre sus pies descalzos; la gelidez del ambiente en la piel de su rostro; la suavidad del terciopelo de la capa escarlata sobre sus hombros; el destello de la luna en las dilatadas pupilas. Sin una intención clara, sus pies desnudos la llevaron hasta un claro, un lugar en el que por alguna razón los árboles no se habían atrevido a brotar. No entró en el claro sino que esperó apoyada en un tronco, justo antes. ¿Qué hacía allí? Ni siquiera se planteó esa pregunta. ¿Qué esperaba?  No tuvo tiempo de pensar la respuesta.  De repente sintió una respiración sobre la nuca, sobresaltándola ligeramente dentro de su trance, y una mano tapó sus ojos con suavidad. Una voz ronc...