Sweet oblivion
Come make me miss you... Estuve muchas horas pensando en aquel sueño, con la vista clavada en la cinta roja. La presencia en mi habitación de aquel trozo de seda sólo podía significar que no había sido un mero sueño, pero que tampoco había estado allí realmente. Durante mis años de adiestramiento habíamos estudiado la teoría de los viajes mentales, y un grupo selecto de alumnos -entre los cuales me incluyo orgullosamente- habíamos llegado incluso a ponerlos en práctica durante algunos segundos. No era algo que me entusiasmara especialmente, ya que dejar mi preciado cuerpo desprotegido me parecía poco práctico; aun así, las clases eran las clases, y el alumno más avanzado consiguió incluso un viaje de minuto y medio. Pero siempre éramos conscientes de haber provocado un viaje. Eso era lo que me desconcertaba. En cierto momento bajé a la biblioteca para consultar viejos volúmenes que habían sido de mi madre y que aún guardaba celosamente. Busqué largo rato entre aquellas polvorientas hoj...