You won't pull me down.

Crave for the rapture again...


Sonreí y caminé hacia él, lentamente, la nieve crujiendo bajo mí a cada paso. Noté cómo sus músculos se contraían, quizá preparándose para defenderse, o quizá tratando de contener el impulso de abalanzarse sobre mí como una bestia. Exactamente igual que los míos.
Cuando estuve a un palmo de él, alcé despacio una temblorosa mano y le acaricié la mejilla con suavidad. Mis ojos se clavaron en los suyos, y el instinto que ambos estábamos tratando de contener se hizo casi palpable en el ambiente, como si saltaran chispas en el contacto de nuestras miradas. Sentía cada milímetro de su piel ardiendo bajo mis dedos, como si todo su ser estuviese hirviendo de ira por aquel ínfimo contacto. Con esfuerzo, me enterré en lo más profundo de mi consciencia y me sepulté bajo toneladas de indiferencia y autocontrol. Aun así, mis colmillos refulgían bajo la luna, dolorosos en su ansia de clavarse en la carne de mi hermano, cuando abrí la boca para decir:
- Entonces, si me matas, tu vida ya no tendrá un objetivo... 
Thorn inspiró sonoramente y levantó también un brazo. Me devolvió la caricia. Su contacto era como si decenas de agujas se clavaran en mi pómulo izquierdo, enviando señales de respuesta y ataque al resto de mi cuerpo.
- ¿Y cuál es tu objetivo en la vida, hermanita? -esbozó una media sonrisa y deslizó su mano hasta mi cuello, apoyándola sobre mi clavícula, sintiendo mi pulso, desafiándome. Incluso mi corazón parecía querer salirse de mi pecho para golpearle. Acepté el reto y me acerqué aún mas a él, sin retirar la mano, hasta que mi mejilla rozó la suya y mis labios estuvieron a escasa distancia de su oreja derecha. En ese punto, pese a que había sepultado mis instintos, pude oír el flujo de su sangre corriendo por sus venas, y el olor de su piel era tan intenso que necesité de más control que nunca para contestarle sin que me temblara la voz. Dejé que mi aliento chocara contra su oído y sentí cómo un escalofrío le recorría de arriba a abajo y cómo sus dedos apretaban mi hombro.
- Mi único objetivo es seguir viviendo, a pesar de ti.
En mi camino de retirada, le besé la cara suavemente. Mediante aquel roce de mis labios le transmití una oleada de pensamientos: falsos sentimientos de amor fraternal, imágenes de nuestra madre, escenas de varios de mis encuentros nocturnos con alguno de sus lobos y sobre todo, dejé que sintiera la férrea determinación de cumplir mi objetivo. Sus uñas se clavaron en mi piel, tal estaba siendo su deseo matarme en aquel instante. Comprendí que si no lo había intentado ya era porque incumpliría el plan que tenía con Phyros; me asombré de que pese a mi descarada provocación deliberada aún pudiera mantener controlado su instinto. Definitivamente mi hermano había aprendido mucho de nuestra raza, supongo que a su pesar.
Me alejé de él y sonreí, casi con inocencia, pero sin apartar la mirada de sus ojos. Cuando ya no hubo contacto entre nosotros, no pudimos reprimir sendos suspiros de alivio. El cuerpo de Thorn temblaba fuertemente, y supuse que intentaba controlar su transformación. 
Era el momento de marcharse. Dirigí una mirada breve a los traidores, que habían observado la escena en silencio, y volví los ojos a mi hermano. Incliné la cabeza al tiempo que flexionaba ligeramente las rodillas, en una reverencia formal y burlona. La despedida no me fue devuelta; frente a mí sólo había un hombre lleno de odio, puro instinto animal, que si no desviaba la vista era sólo porque su orgullo se lo impedía. 
Di media vuelta, recogí mi espada de la nieve donde había quedado olvidada y volví sobre mis pasos para salir del claro mientras la envainaba de nuevo. No me relajé hasta pasados unos minutos, cuando oí a mi espalda un brutal rugido de furia que resonó en el silencio de la noche, arrancando a los pájaros de su sueño y haciéndoles levantar el vuelo, sacudiendo las ramas. En aquel momento supe que ya había pasado todo. Caminé otra media hora y, cuando no pude más, me quité la capa y dejé que la gelidez de la noche me envolviera como un manto protector, refrescando mis brazos desnudos y mis ardientes pensamientos, devolviendo mi desatado instinto a sus límites habituales, haciéndome sentir segura, y me abandoné sin dudarlo al abrazo de sus dedos de hielo.

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